21 de junio de 2011

Latinoamérica

LATINOAMÉRICA

Calle 13

Soy,

Soy lo que dejaron,

soy toda la sobra de lo que se robaron.

Un pueblo escondido en la cima,

mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima.

Soy una fábrica de humo,

mano de obra campesina para tu consumo

Frente de frio en el medio del verano,

el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.

El sol que nace y el día que muere,

con los mejores atardeceres.

Soy el desarrollo en carne viva,

un discurso político sin saliva.

Las caras más bonitas que he conocido,

soy la fotografía de un desaparecido.

Soy la sangre dentro de tus venas,

soy un pedazo de tierra que vale la pena.

soy una canasta con frijoles ,

soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles.

Soy lo que sostiene mi bandera,

la espina dorsal del planeta es mi cordillera.

Soy lo que me enseño mi padre,

el que no quiere a su patria no quiere a su madre.

Soy América latina,

un pueblo sin piernas pero que camina.


 

Tú no puedes comprar al viento.

Tú no puedes comprar al sol.

Tú no puedes comprar la lluvia.

Tú no puedes comprar el calor.

Tú no puedes comprar las nubes.

Tú no puedes comprar los colores.

Tú no puedes comprar mi alegría.

Tú no puedes comprar mis dolores.


 

Tengo los lagos, tengo los ríos.

Tengo mis dientes pa` cuando me sonrío.

La nieve que maquilla mis montañas.

Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña.

Un desierto embriagado con bellos de un trago de pulque.

Para cantar con los coyotes, todo lo que necesito.

Tengo mis pulmones respirando azul clarito.

La altura que sofoca.

Soy las muelas de mi boca mascando coca.

El otoño con sus hojas desmalladas.

Los versos escritos bajo la noche estrellada.

Una viña repleta de uvas.

Un cañaveral bajo el sol en cuba.

Soy el mar Caribe que vigila las casitas,

Haciendo rituales de agua bendita.

El viento que peina mi cabello.

Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello.

El jugo de mi lucha no es artificial,

Porque el abono de mi tierra es natural.


 

Tú no puedes comprar al viento.

Tú no puedes comprar al sol.

Tú no puedes comprar la lluvia.

Tú no puedes comprar el calor.

Tú no puedes comprar las nubes.

Tú no puedes comprar los colores.

Tú no puedes comprar mi alegría.

Tú no puedes comprar mis dolores.


 

Você não pode comprar o vento

Você não pode comprar o sol

Você não pode comprar chuva

Você não pode comprar o calor

Você não pode comprar as nuvens

Você não pode comprar as cores

Você não pode comprar minha felicidade

Você não pode comprar minha tristeza


 

Tú no puedes comprar al sol.

Tú no puedes comprar la lluvia.

(Vamos dibujando el camino,

vamos caminando)

No puedes comprar mi vida.

MI TIERRA NO SE VENDE.


 

Trabajo en bruto pero con orgullo,

Aquí se comparte, lo mío es tuyo.

Este pueblo no se ahoga con marullos,

Y si se derrumba yo lo reconstruyo.

Tampoco pestañeo cuando te miro,

Para q te acuerdes de mi apellido.

La operación cóndor invadiendo mi nido,

¡Perdono pero nunca olvido!


 

(Vamos caminando)

Aquí se respira lucha.

(Vamos caminando)

Yo canto porque se escucha.


 

Aquí estamos de pie

¡Que viva Latinoamérica!


 

No puedes comprar mi vida.

12 de junio de 2011

Balada de la oficina: Roberto Mariani


 

"BALADA DE LA OFICINA"



Integra el libro Cuentos de la oficina, de Roberto Mariani.

Entra. No repares en el sol que dejas en la calle. Él está caído en la calle como una blanca mancha de cal. Está lamiendo ahora nuestra vereda; esta tarde se irá enfrente. No repares en el sol. Tienes el domingo para bebértelo todo y golosamente, como un vaso de rubia cerveza en una tarde de calor. Hoy, deja el perezoso y contemplativo sol en la calle. Tú, entra. El sol no es serio. Entra. En la calle también está el viento. El viento que corre jugando con fantasmas. Fantasma él también, pues no se ve con los ojos de la cara, y se lo siente. El viento está jugando; ya corriendo una loca carrera por en medio de la calle; ya golpeándose las sienes contra las paredes de las casas; ya deshilándose en las copas de los árboles... f... f... f... f... El viento es juguetón como un recental; esto no es serio. Tú entra. 
Deja en la calle sol, viento, movimiento loco; tú, entra.
¿Qué podrías hacer en la calle? ¿No tienes vergüenza, estúpido sentimental, regodearte con el sol como un anciano blanco, y esqueletoso, y centenario? ¿No te humilla, en tu actual situación de muchacho fornido, dejarte forrar por el viento como una hoja dentro de un remolino?
¡Y la lluvia! No te avergonzaré recordándote que los otros días estuviste tres horas ¡tres horas!, contemplando tras la vidriera del café, caer y caer y caer, monótonamente, estúpidamente, una larga, monótona y estúpida lluvia. Entra, entra.
Entra; penetra en mi vientre, que no es oscuro, porque, ¡mira cuántos Osram flechan sus luminosos ojos de azufre encendido como pupilas de gata! Penetra en mi carne, y estarás resguardado contra el sol que quema, el viento que golpea, la lluvia que moja y el frío que enferma.
Entra; así tendrás la certeza —que dará paz a tu espíritu— de obtener todos los días pan para tu boca y para la boca de tus pequeñuelos. ¡Tus pequeñuelos, tus hijos, los hijos de tu carne y de tu alma y de la carne y del alma de la compañera que hace contigo el camino! Yo daré para ellos pan y leche; no temas; mientras tú estés en mi seno, y no desgarres las prescripciones que tú sabes, jamás faltará a tus pequeñuelos, ¡los pobres!, ni pan, ni leche, para sus ávidas bocas. Entra; acuérdate de ellos; entra.
Además, cumplirás con tu deber. Tu deber. ¿Entiendes? El trabajo no deshonra, sino que ennoblece. La Vida es un Deber. El hombre ha nacido para trabajar.
Entra; urge trabajar. La vida moderna es complicada como una madeja con la que estuvo jugando un gato joven. Entra; siempre hay trabajo aquí.
No te aburrirás; al contrario, encontrarás con qué matizar tu vida. (Además de que es tu Deber). Entra. Siéntate. Trabaja. Son cuatro horas apenas. Cuatro horas. Pero, eso sí: nada de engañifas ni simulaciones ni sofisticaciones. ¡A trabajar! Si tu labor es limpia, exacta y voluntariosa —voluntariosa sobre todo—, los jefes te felicitarán. Tú estás sano; puedes resistir estas cuatro horas. ¿Has visto cómo las has resistido? Ahora vete a almorzar. Y vuelve a hora cabal, exacta, precisa, matemática. ¡Cuidado! Porque si todos se atrasaran, se derrumbaría la disciplina, y sin disciplina no puede existir nada serio. Otras cuatro horas al día. Nadie se muere trabajando ocho horas diarias. Tú mismo, dime: ¿no has estado remando el domingo once o doce horas, cansando los músculos en una labor con el agua que me abstengo de calificar por el ningún remordimiento que se obtiene? ¿Ves tú? ¡Y con inminente peligro de ahogarte! Yo sólo te exijo ocho horas. Y te pago, te visto, te doy de comer. ¡No me lo agradezcas! Yo soy así.
Ahora vete contento. Has cumplido con tu Deber. Ve a tu casa. No te detengas en el camino. Hay que ser serio, honesto, sin vicios. Y vuelve mañana, y todos los días durante 25 años; durante los 9.125 días que llegues a mí, yo te abriré mi seno de madre; después, si no te has muerto tísico, te daré la jubilación. 
Entonces, gozarás del sol, y al día siguiente te morirás. ¡Pero habrás cumplido con tu Deber!

Fuente: http://literaturarioplatense.blogspot.com/2009/06/balada-de-la-oficina.html

Roberto Mariani, uno de los olvidados

Antihéroes

Roberto Mariani, el poeta anónimo de La Boca 

Por: Pilar Molina

Escribir sobre Roberto Mariani es comprobar que el éxito y la notoriedad de los Hombres de Letras, depende en muchos casos del ánimo de quien decide arbitrariamente montar escenarios de fama, o reeditar libros que sean negocio. 

Mariani nació en el barrio de La Boca en julio de 1893, y se dedicó tempranamente al oficio de periodista en el diario Los Andes, de Mendoza. En esa provincia también hizo sus primeras incursiones en la literatura: escribió su primer libro de poemas Las acequias, y publicó relatos en el periódico La semana. En 1920 regresó a Buenos Aires y se empleó en el Banco de la Nación, de donde fue despedido dos años más tarde por "intentar agremiar con literatura anarquista a los empleados de su oficina".

Colaboró en el periódico Nueva Era, germen del ferviente apoyo a la revolución bolchevique donde publicó El amor grotesco; y fundó una asociación de amigos de Rusia que enviaba a Moscú literatura criolla revolucionaria. Anarquista, solitario, misterioso, participó de las tertulias del grupo de Boedo donde compartió junto con Roberto Arlt y Roberto Payró el espacio de creación de esa redacción.

Elías Castelnuevo cuenta: "Cuando casi todos nosotros, y yo mismo, descreímos del autor de Los siete Locos, Mariani lo defendía con vehemencia y lo cuidaba de las críticas. Recuerdo que corregía sus textos para librarlos de los errores gramaticales tan comunes en Arlt".

En 1925 apareció Cuentos de la oficina, relatos que le dieron una rápida notoriedad de la que Mariani pareció el primer sorprendido. Es, según los críticos, su libro mejor estructurado, el que instala en la narrativa argentina la tipología del hombre de clase media, temeroso por perder prestigio y dispuesto a la humillación para conseguir un ascenso. Cuentos de la oficina recobra hoy una inquietante vigencia: los "proletarios de cuello duro", como él mismo los definió en sus cuentos, describen los días de Mariani como empleado bancario y revelan las finas tramas mentales de la explotación entre hombres de saco y corbata.

El diario Crítica publicó en 1927 un artículo de Mariani sobre el caso Sacco y Vanzetti: "Es injusto condenar a inocentes, pero más injusto, muchísimo más injusto todavía, es someter a un hombre a una horrible incertidumbre durante siete años. Opino que aunque Sacco y Vanzetti fuesen culpables merecen la libertad, porque ya han cumplido una pena capaz de purgar cualquier delito. Aun más porque ningún crimen merece esa pena".

El golpe que derrocó a Irigoyen en 1930 encontró al escritor en la Patagonia, donde urgido por necesidades económicas había viajado para trabajar de chofer.

Desde Esquel escribía cartas a sus amigos lamentando el golpe "reaccionario y antipopular" que sacudió a la Argentina de ese entonces. De regreso en Buenos Aires, Mariani comenzó a esperar a la muerte. "Empezó a sentirse cada vez más cerca de los desposeídos y los miserables, pero a la vez se sentía absolutamente impotente siquiera para predecir un mundo mejor. Se convirtió en un observador incapaz de emitir juicios, se fue volviendo silencioso y completamente escéptico".

En una autobiografía que escribiría más tarde, confesó: "Tuve mis cuatro alegrías y mis ocho dolores. Fui extranjero en todas partes y bebí la sal de todos los vientos. Se ensangrentaron mis puños golpeando portales que no se abrían y mi voz se rompió con el último alarido. Y entonces como en la vieja fábula del zorro y las uvas dije que nada valía nada, porque nada había conseguido apresar. Estoy, pues, como antes de soñar: sin nada. O peor porque ni sueños tengo." En 1943 publicó De regreso a Dios, libro que fotografió la última etapa de su vida caracterizada por la resignación, y por un absurdo contrato con la muerte que finalmente se cobró su parte en 1946 con un infarto al corazón como excusa.

Osvaldo Soriano lo recuerda: "Roberto Mariani fue uno de los más brillantes narradores del infortunio y la desesperación y quizá por eso su obra estaba destinaba a esfumarse de la historia de la literatura. Dos escritores (Eduardo Suárez Danero y Luis Emilio Soto) han dedicado algunas páginas a Mariani; son los únicos testimonios que deja su generación. A años de su muerte, su vida y su obra están envueltas en una injusta nebulosa.". Lo que queda es una edición de Cuentos de la oficina de 1998, artículos perdidos en las bibliotecas de coleccionistas, y crónicas de las críticas de sus relatos en diarios de la época. Lo demás es silencio.

(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada N°05)

Fuente: http://www.revistasudestada.com.ar/web06/article.php3?id_article=273


 

11 de junio de 2011

Roberto Arlt y la independencia de los medios masivos

“-¿Dígame, que es lo que hay de cierto en todo lo malo que se dice del comunismo: Es posible que todos los diarios mientan a sabiendas sobre el comunismo?

Entonces no queda otro remedio que explicarle a esa gente que los diarios no tienen otra fuente de información que ciertas importantísimas agencias telegráficas e informativas extranjeras las cuales, a su vez, no son independientes sino que se encuentran al servicio de potentísimos capitales, y que a su vez estos potentísimos capitales no son independientes como se pudiera creer, si no, que se hallan organizados por directorios de accionistas... una novela de nunca terminar y que pone al descubierto cuán complicadísimas son las marañas del capital. (Léase "Citröen", de Ilya Eremburg).

¿Es cierto que las empresas de diarios no son independientes...?

Se experimenta una especie de terror cuando se piensa en todo lo que ignora la gente, y que uno de buena fe creía que estaba enterada en la misma medida del propagandista.”

Fragmento extraído del texto  “La angustia de los aprendices”, de Roberto Arlt, compilado en  Crónicas periodísticas

(E)X MEN First Class


Los súper-héroes (buenos) y los súper-villanos (malos) manifiestan la ambigüedad del ser humano. Pero sobre todo, héroes y villanos son producto de un mundo binario como el del pasado siglo XX: Comunismo (malo) vs Liberalismo (bueno) .La ex URSS vs USA es un buen ejemplo.


Como producto de la industria cultural norteamericana están hechos a la medida de una configuración global que en la actualidad se desploma: USA pierde credibilidad internacional día a día con cada intervención militar que realiza. Europa está conmovida. Sudamérica lucha por restablecer su soberanía política, económica, social y cultural. Asia se debate entre el crecimiento de los tigres asiáticos y la hambruna de los países pobres. Otro tanto ocurre con la siempre intencionalmente convulsionada África y la invisibilizada Oceanía.


En la macroeconomía global, las nuevas generaciones de jóvenes en continentes y países distintos, nacidos en las postrimerías del siglo pasado están buscando un cambio al modelo del neoliberalismo excluyente.

¿Les parece una buena idea si refundamos una franquicia hollywoodense que nos haga olvidar por 120 minutos la crisis mundial del 2008 y sus consecuencias actuales? Tengan en cuenta que las generaciones se renuevan y nuevas ideas de libertad  soplan hoy en este mundo agitado. Les tiro un título "EX MEN First Class", o la primera clase de los ex hombres: aquellos que fueron, pero que siguen intentando promover un mundo binario y opuesto, un mundo de buenos y malos.

Seguramente esta noche entraré a la sala de proyección ataviado con mis Nike, mi jean FUS y mi campera Guess; y no olvidaré comprar una buena fuente de pop corn y una Coke bien helada. Todo sea por una buena anestesia... y 120 minutos de buenos y malos peleando por el control de la hegemonía mundial.

3 de junio de 2011


La palabra
... Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras.
Fuente: Confieso que he vivido (memorias), de Pablo Neruda